Tartessos, los fenicios y el Carambolo

El descubrimiento fortuito del Tesoro del Carambolo (Camas, Sevilla) en septiembre de 1958, cuyo 50 aniversario se conmemora, marcó un hito en la investigación arqueológica sobre Tartessos. El tesoro está formado por una serie de piezas de oro -pectorales, brazaletes, diadema, cinturón y collar- y fue hallado asociado, por una posterior excavación, a lo que se consideró entonces un "fondo de cabaña" en el que aparecieron también una serie de cerámicas pintadas, desconocidas hasta le fecha que sirvieron para dotar a Tartessos de una cultura material propia.

Junto a estas cerámicas, denominadas a partir de entonces "tipo Carambolo" y que desde un principio se vincula con la tradición de las cerámicas pintadas del geométrico griego y del fenómeno geométrico mediterráneo en general, se documentaron también cerámicas de retícula bruñida. Ambas fueron desde entonces utilizadas como fosil-guía para identificar la etapa precolonial tartésica de los yacimientos arqueológicos del sur de la Península, como Cabezo de San Pedro (Huelva), Colina de los Quemados (Sevilla), Setefilla (Sevilla), San Bartolomé de Almonte (Huelva) o Carmona (Sevilla), entre otros.

Un día despues del hallazgo del tesoro, mientras se realiazaban unas obras de reforma en las instalaciones de la Sociedad del Tiro al Pichón que ocupaban la parte alta del Cerro, apareció, asociada también al fondo de cabaña, una pequeña figurilla de bronce de la diosa fenicia Astarté, un exvoto en cuya base figura la siguiente inscripción:

"Este (voto) ha hecho Baalytn
hijo de D'mlk y Abdabaal hijo
de D'mlk hijo de Yš'l para
'Astarté de la colina ya que
ha escuchado la voz de sus plegarias".

Dado que desde un principio se había caracterizado el tesoro como tartésico, interpretación que también se aplicó al conjunto del yacimiento, se consideró esta estatuilla como una prueba de los intercambios mantenidos por los autóctonos con los comerciantes fenicios.

Dos años más tarde se iniciaron las excavaciones en el Carambolo Bajo (el tesoro había aparecido en la parte alta del cerro) que duraron hasta finales de julio de 1961. Gracias a ellas se localizaron las estructuras de un poblado de casas de piedra y otros materiales con plantas cuadradas o rectangulares y cuatro niveles sucesivos de ocupación, que sin embargo, dada la envergadura del descubrimiento, defraudó finalmente las expectativas iniciales.

No obstante, algunos investigadores, como Blanco y Blázquez señalaron pronto la incongruencia que suponía considerar el Carambolo como un poblado y no como un lugar de culto, pese a lo cual las consideraciones iniciales siguieron prevaleciendo ampliamente en el conjunto de la investigación sobre Tartessos y la protohistoria del sur peninsular.

A la interpretación como tartésico del tesoro, y por ende del yacimiento, había contribuido poderosamente el replanteamiento de la investigación preocupada ahora por lograr una identificación de la cultura tartésica mediante el análisis de sus vestigios materiales, una vez que se habla renunciado ya a la búsqueda de la capital del antiguo reino, aunque con el descubrimiento del mismo se habían albergado inicialmente esperanzas de haber encontrado por fin la ciudad de Tartessos.

Se había abierto de este modo una segunda fase en la investigación arqueológica, de la que fueron pioneros tres trabajos publicados en el nº. 29 del Archivo Español de Arqueología (García y Bellido, 1956; Blanco, 1956: Cuadrado, 1956). El nuevo enfoque, sin duda más sólido que el que había presidido la fase anterior de localización infructuosa de la capital del reino, encontró su primera expresión articulada en el V Symposio de Prehistoria Peninsular, que bajo el lema: “Tartessos y sus problemas” se celebró en Jérez en 1968, siendo publicado en Barcelona un año después.

Se estaba consiguiendo identificar un horizonte arqueológico "orientalizante" que se considera análogo a momentos culturales semejantes en la antigüedad mediterránea, sobre todo en Chipre, Grecia y Etruria, consecuencia para la mayoría de los investigadores de la presencia de los fenicios y su actividad comercial en el mediodía de la Península. No en vano la arqueología fenicia en nuestras tierras vivía momentos de esplendor con los recientes descubrimientos de una necrópolis en Almuñécar, la antigua Sexi (Pellicer, 1962), y un asentamiento en el cortijo de Toscaños, junto al río Vélez en Málaga (Pellicer, Niemeyer y Schubart, 1966), allí donde precisamente Schulten había situado la colonia focense de Mainake.
La multiplicación de hallazgos de asentamientos fenicios, o de sus necrópolis, sobre las costas mediterráneas andaluzas, en particular en la provincia de Málaga, que siguió a estos descubrimientos, junto con la imposibilidad de localizar arqueológicamente las colonias foceo- masaliotas en este mismo litoral y más al norte, inclinó decisivamente la balanza en favor de unos origenes fenicios para este "orientalizante" peninsular, que es como pasaba ahora a concebirse un periodo clave de la historia de Tartessos. En contra de tan generalizada opinión apenas se alzaron unas pocas voces discordantes (Montenegro, 1970; Bendala, 1977, 1979) que proponían unos origenes greco-orientales, vinculados en parte con la supuesta llegada a Occidente de los Pueblos del Mar; lo que por otro lado no era sino una nueva versión más elaborada de la vieja idea de Schulten, sobre los fundadores de Tartessos.

Tal aculturación, aunque al principio no se la denominara así y se manejaran términos como "impacto", "influjo" o "semitización", se consideraba producida a raíz de las interacciones propiciadas por el comercio con los asentamientos fenicios de la costa. En ocasiones se llegaba afirmar, evidenciando el esquema difusionista en uso, que ciertas transformaciones observables en las comunidades autóctonas del Bronce Final, y que afectaban a aspectos de la demografía, la economía o el habitat, eran consecuencias de contactos de tipo precolonial, restando valor a la capacidad de cambio que emanaba de la propia dinámica interna de las comunidades tartésicas. Posteriormente se ha observado que muchos de los artefactos y otros elementos culturales que en principio denotarían la "orientalización" no eran precisamente los más comunes en los asentamientos fenicios de la periferia (Wagner, 1986: 145ss), y que la asimilación de las influencias externas se produjo de forma parcial y selectiva (Aubet, 1977-8: 98s).

Por otra parte, con el tiempo se produjeron interpretaciones alternativas sobre el yacimiento, como las de Belén y Escacena, que considera muy probable la existencia de un santuario, de tipo empórico, en el lugar dedicado al culto de Astarté: “El Carambolo recibe precisamente su nombre del hecho de ser uno de los promontorios mas elevados de la cornisa oriental del Aljarafe, y desde luego el más cercano a Sevilla de dicho otero, en linea recta hacia poniente. Así que, si esta última ciudad es una fundación fenicia como quiere la leyenda y sugiere el propio topónimo Spal, no debería extrañarnos la presencia de un santuario oriental en sus inmediaciones”. Parece, por tanto, que podría tratarse de dos establecimientos complementarios y de fundación coetánea promovida por los fenicios hacia mediados del siglo VIII a. C., según una revisión reciente de algunos de los materiales ya conocidos, en un lugar que entonces se encontraba muy próximo al litoral" (Belén y Escacena, 1995).

También se han producido cambios en la interpretación del tesoro, que el propio Mata Carriazo había considerado digno de Argantonio. Inicialmente se pensó que serían las joyas que vestiría una persona de alto rango, presumiblemente un varón, en el curso de ceremonias importantes. En cualquier caso, constituía la prueba arqueológica del refinamiento y la riqueza que había llegado a adquirir la élite tartésica orientalizante. También se pensó que pudieran ser los adornos de alguna estatua ritual, como un toro. Por último, una nueva lectura de la función de las joyas considera que habrían servido para engalanar a los bóvidos sacrificados a Baal y Astarté (placas y pectorales) y las vestiduras sagradas del sacerdote oficiante (collar y brazaletes).

Tras las excavaciones de 2001-2005 el Carambolo ha dejado de ser tartésico. Tras varias campañas realizadas por Fernández Flores y Rodriguez Azogue han salido a la luz las estructuras arquitectónicas de un santuario, de planta y técnica construtiva oriental, que llega a alcanzar una gran complejidad y a ocupar un área muy extensa durante sus cuatro frases de desarrollo, que comienza en algún momento entre finales del siglo X y el último cuarto del siglo IX a. C. Entre las distintas sorpresas que han deparado las excavaciónes se encuentra la identificación del supuesto "fondo de cabaña", sobre el cual el propio Mata Carriazo había expresado algunas dudas, como una fosa vertedero de índole ritual.


No menos sorprendente es la aparición de cerámicas a torno en el estrato IV de dicho "fondo de cabaña", ahora fosa ritual, ya que los materiales que se habían documentado en las excavaciones antiguas se consideraron típicos del Bronce Final tartésico, y por ende precolonial, y se utilizaron para datar toda una serie de estratigrafías en otros yacimientos tartésicos. Así que, según se desprende de los nuevos hallazgos: "La presencia de materiales a torno en el nivel IV del "fondo de cabaña" y su cronología absoluta, lo invalidan como referente para determinar el horizonte previo a la presencia fenicia, entendido éste como periodo precolonial o Bronce Final y, en consecuencia, a las distintas estratigrafías que se han basado en éste, bien de forma directa o indirecta. Por tanto, los niveles iniciales de la serie de yacimientos analizados deben considerarse como coetáneos a la presencia oriental, se cual fuese el origen de los elementos foráneos presentes e independientemente de la fecha que se otorgue al fenómeno colonial o a una posible precolonización" (Fernández Flores - Rodriguez Azogue, 2000: 77ss).

También es importante el papel que adquieren ahora las cerámicas de retícula bruñida que, junto con las geométricas, sirvieron para identificar los niveles fundacionales de los asentamientos tartésicos y que podrían estar indicando la presencia de gentes autóctonas que participaban en los procesos de trabajo en los asentamientos fenicios. Destaca, sobre todo, la ausencia de grandes contenedores, para lo que se emplearon normalmente ánforas fenicias, como las encontradas en el Carambolo Bajo, y suelen aparecer en los asentamientos fenicios de la costa. Cerámicas a mano de similar tradición han aparecido también en otros enclaves fenicios más lejanos, como Lixus, Mogador y en la misma Cartago. Asimismo están documentadas en algunos lugares frecuentados o habitados por los fenicios en Portugal, como Lisboa, Alcáçova de Santarém, Santa Olaia, Alcácer do Sal y Setubal Tal dispersión, bastante amplia, sugiere una muy cercana vinculación a los colonos fenicios pero dado su carácter mayoritario de cerámica doméstica parece que se pueden excluir las razones de tipo comercial.

En definitiva, una instalación temprana de los fenicios en el Carambolo, al igual que sucede en el emporio precolonial de Huelva, y en la que algunas gentes autóctonas parecen haber sido empleadas como fuerza de trabajo, lo que dibuja un contexto plenamente colonial. Tiene razón seguramente Fernández Flores cuando declara que: "Tartessos no fue una civilización indígena, sino la realidad que conocieron los griegos cuando llegaron a la Península Ibérica en el siglo VII a. C., un conglomerado de colonias fundadas por orientales que llevaban dos siglos viviendo en ellas", con lo que el mito de Tartessos se derrumba.

Estas son, sin embargo, casi las mismas palabras que publicó M. Koch en su mágnífico trabajo Tarschlsch und Hispanien. Hitstorisch-geographische und namenkundliche Untersuchungen zur phonikischen Kolonisation der iberischen Halbinsel, Berlin, 1984 (W. de Gruyter), Madrider Forschungen, 14 (existe una edición castellana actualizada por el propio autor: Tarsis e Hispania. Estudios histórico geográficos y etimológicos sobre la colonización fenicia de la Península Ibéerica, Madrid, 2003 CEFYP) hace casi veinticinco años. Y ha sido necesaria la exhumación de una prueba arqueológica para que nos demos cuenta de que estaba en lo cierto. ¿Que es lo que ha ido mal?.


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