El viaje de Melkart a los Confines del Mundo

Melkart, luego sincretizado con el Heracles griego, era el dios protector de la ciudad fenicia de Tiro y como tal se ha pensado que su culto habría sido instaurado en el siglo X a. C por Hiram I como colofón de una reforma religiosa que pretendía, seguramente, acentuar la identidad e independencia de Tiro frente a Sidón. Las relaciones entre Tiro y Sidón, que había desarrollado durante el último periodo del Bronce Final una política de expansión territorial, en perjuicio, entre otros, de los tirios que perdieron su control sobre Usu, y un activo comercio terrestre, además de marítimo en toda la región, parecen haber sido bastante conflictivas, como ha quedado reflejado también en la mitología.


No obstante, la antigüedad del templo de Melkart en Tiro está avalada por un texto de Herodoto (II, 44, 1) que visitó la ciudad y preguntó a sus sacerdotes, quienes le dijeron que se remontaba a 2300 años atrás, cuando se fundó la ciudad, lo que nos lleva al 2750 a. C, fecha que ha sido en gran medida confirmada por las excavaciones arqueológicas, si bien diversas tradiciones recogidas por fuentes tardías sostienen que el templo más antiguo de Melkart se encontraba, no en la isla de Tiro, sino en tierra firme, en la, así llamada, “PaleoTiro”, la Ushu de los textos asirios:

Y, con ánimo de obtener sobre el particular alguna información precisa de quienes podían proporcionármela, navegue también hasta Tiro de Fenicia, al enterarme de que allí había un santuario consagrado a Heracles. Lo ví ricamente adornado y, entre muchas otras ofrendas, en él había dos estelas, la una de oro puro y la otra de esmeralda que de noche refulgía extraordinariamente. Y, al entrar en conversaciones con los sacerdotes del dios, les pregunté cuanto tiempo hacia que habían erigido el santuario y comprobé que ellos tampoco coincidían con los griegos, pues sostenían que el santuario del dios había sido erigido al tiempo de fundarse Tiro y que hacía dos mil trescientos años que habitaban la ciudad". (TRAD. C. Schrader)

Aunque es en el reinado de Hiram I cuando se establece el carácter canónico de su culto, algunos datos, como el nombre de Abimilku y de su embajador Humilku en los archivos egipcios de El Amarna, muestran al ancestro deificado de la dinastía tiria venerado en los medio palatinos del siglo XIV a. C. El dios Milku de Ashtarot, mencionado en los textos de Ugarit confirma asimismo el empleo de este teónimo, según una vieja costumbre semita. Por otra parte, otras tradiciones conservadas en la Hélade, como las relativas a Melicertes, sugieren la existencia del culto de Melkart durante el segundo milenio y el conocimiento de su ciclo en medios egeos.

Según el propio Herodoto (II, 44, 4) también en Tasos había un antiguo santuario de Melkart:

Y me llegué, así mismo, a Tasos, en donde encontré un santuario de Heracles erigido por los fenicios que zarparon en busca de Europa y fundaron Tasos; y estos hechos son anteriores, por lo menos en cinco generaciones, al nacimiento de Heracles, hijo de Anfitrión, en Grecia”. (TRAD. C. Schrader)

Ya que la llegada de los fenicios a Tasos se produjo cinco generaciones antes que el nacimiento de Heracles, hijo de Anfitrión y puesto que el héroe pertenece en el mito a la tercera generación posterior a la fundación de Micenas, esto sugiere una presencia muy antigua de los tirios y su dios Melkart en esta isla. También Pausanias (IX, 27, 6-8) alude a una presencia temprana hablando del Heracleión de Tespias, que le parece de tiempos igualmente antiguos:

También hay en Tespias un santuario de Heracles cuya sacerdotisa hasta su muerte es una doncella... Además este templo me pareció más antiguo que la época de Heracles hijo de Anfitrión, y más bien de Heracles, uno de los dáctilos de Ida, del que vi que tenían santuarios los de Eritras en Jonia y los tirios”. (TRAD. A. Tovar)

Melkart era al mismo tiempo un dios solar y marino, protector de las empresas comerciales, que terminó sincretizándose con el Heracles griego. En su templo de Tiro había un olivo del que la tradición asegura que ardía perpetuamente y en la ciudad se celebraba una vez al año la egérsis del dios en la que se recordaba la resurrección y epifanía de Melkart por medio del fuego. El monarca tirio participaba activamente en el festival según una antigua tradición muy arraigada en todo el Próximo Oriente, celebrabando un matrimonio ritual con una sacerdotisa o con la misma reina, y desempeñando ambos el papel de sustitutos de la pareja divina Melkart/Ashtarté.

A Melkart se le tenía también por dispensador de oráculos. Este carácter oracular se hallaba presente en sus santuarios de Tiro, Tibur y Gadir. En este último su oráculo alcanzaría gran fama siendo visitado por personajes de renombre, como el propio Aníbal tras el sitio de Sagunto y antes de iniciar la marcha que habría de llevarle a través de los Alpes a Italia. Pero sobre todo, está confirmado por una inscripción procedente de la misma Tiro en donde se alude a él como “dios de los oráculos”. La importancia de sus vaticinios para los fenicios y púnicos debió de ser similar a los de Apolo para los griegos.

En templo de Melkart actuaba, sobre todo, como una dependencia del palacio de los reyes de Tiro, encargada del culto al dios ciudadano que era, principalmente, la divinidad protectora de la realeza tiria, dando además cobertura ideológica a la conquista simbólica de los límites del mundo, que constituye el acto político que inaugura y legitima la expansión fenicia por el Mediterráneo. Según ello, las empresas marítimas de los fenicios de Tiro asociadas a la presencia de un templo de Melkart, eran, en realidad, organizadas por el palacio tirio, de acuerdo con un modelo bien conocido en Oriente, donde están documentadas las asociaciones con fines comerciales -hubur-, si bien a menudo implican la participación del palacio o de algún personaje vinculado a éste.

De acuerdo con una tradición literaria recogida por la propia Antigüedad (Estrabón, III, 5, 5, crf: Pomponio Mela, III, 6, 46. ) la expansión fenicia por el Mediterráneo comenzó con la conquista simbólica de los confines del mundo, que se manifiesta en las Columnas/Betilos de Melkart que una expedición de navegantes tirios consagra en las mismas orillas del Océano.

El relato ha sido recogido de boca de los sacerdotes del templo de Melkart en Gadir por Posidonio y transmitido por Estrabón ((III, 5, 5):

Sobre la fundación de Gadir he aquí lo que dicen recordar sus habitantes: que un cierto oráculo mandó fundar a los tirios un establecimiento en las Columnas de Heracles; los enviados para hacer la exploración llegaron hasta el estrecho que hay junto a Kalpe (Gibraltar), y creyeron que los promontorios que forman el estrecho eran los confines de la tierra habitada y el término de las empresas de Heracles; suponiendo entonces que allí estaban las Columnas de las que había hablado el oráculo, echaron el ancla en cierto lugar de más acá de las Columnas, allí donde hoy se levanta la ciudad de los exitanos. Más como en este punto de la costa ofreciesen un sacrificio a los dioses y las víctimas no fueran propicias, entonces se volvieron. Tiempo después, los enviados atravesaron el estrecho, llegando hasta una isla consagrada a Hércules, situada junto a Onoba, ciudad de Iberia, y a unos mil quinientos estadios fuera del estrecho; como creyeron que estaban allí las Columnas, sacrificaron de nuevo a los dioses; más otra vez fueron adversas las víctimas y regresaron a la patria. En la tercera expedición fundaron Gadir, y alzaron el santuario en la parte oriental de la isla, y la ciudad en la occidental”.

Una tradición que, por cierto, era bien conocida en la Antigüedad. Así Diodoro de Sicilia (V, 20) lo relata de la siguiente manera:

En primer lugar fundaron en Europa, cerca del paso de las Columnas, una ciudad a la que, por ser una península, dieron el nombre de Gadeira, y en ella dispusieron todo como convenía a la naturaleza del lugar, así como un suntuoso templo dedicado a Heracles, e introdujeron magníficos sacrificios celebrados a la manera fenicia”.

al igual que más tarde el hispano-romano Pomponio Mela (III, 6, 46):

Cerca de litoral que acabamos de costear en el ángulo de la Bética, se hallan muchas islas poco conocidas y hasta sin nombre; pero, entre ellas, la que no conviene olvidar es la de Gades, que confina con el Estrecho y se halla separada del continente por un pequeño brazo de mar semejante a un río. Del lado de la tierra firme es casi recta; del lado que mira al mar se eleva y forma, en medio de la costa, una curva, terminada por dos promontorios, en uno de los cuales hay una ciudad floreciente del mismo nombre que la isla, y en el otro, un templo de Hércules Egipcio, célebre por sus fundadores, por su veneración, por su antigüedad y por sus riquezas. Fue construido por los tirios; su santidad estriba en guardar las cenizas (de Hércules); los años que tiene se cuentan desde la guerra de Troya”.

Es de esta forma que el dios llega hasta el lejano Occidente inagurando un largo proceso histórico, como será la colonización fenicia. La llegada de Melkart al Estrecho que luego tomará su nombre, por lo que los griegos más tarde lo llamarán las Columnas de Heracles, es el símbolo de la llegada y arraigo de la vieja civilización fenicia oriental en estas lejanas tierras occidentales. Y con ello, del comienzo de su Historia Antigua, que por lo que respecta a los propios fenicios habría de ser larga y fructífera.

Es necesario, además, tener en cuenta que un viaje de este tipo, a los confines del mundo, en los que se repite la hazaña de un dios viajero como era Melkart, tenía una dimensión cosmológica, como se advierte en muchos mitos orientales y griegos, en los que el propósito general no es otro que el de conseguir más poder, tanto por parte de la divinidad como de los humanos que la emulan. De la misma manera la presencia de Melkart en el santuario de Gadir desde sus orígenes, hace que este se nutra de los mismos elementos cosmogónicos que el santuario de Tiro, configurando Gadir como una nueva Tiro fundada en el lejano Occidente, igual que la Tiro oriental había sido fundada en el mito por Melkart tras la fijación en el mar de dos rocas flotantes.

En su templo de Gadir sabemos por las fuentes literarias y las representaciones iconográficas, sobre todo en algunas monedas, que aún en época imperial romana el culto había seguido preservando rasgos muy arcaicos propios de su lejano pasado fenicio. No había allí imágenes ni ninguna representación antropomorfa del dios. En cambio, se alzaban en su recinto dos columnas y tres altares, dos de bronce sin ningún adorno y uno de piedra que llevaba grabadas escenas de los distintos episodios protagonizados por el dios, en los que, como en la metrópoli, ardía un fuego perpetuo y donde los sacerdotes, con la cabeza rapada, vestidos con túnicas blancas de lino y descalzos, según la vieja costumbre fenicia, realizaban los sacrificios diarios. De acuerdo con la tradición se guardaban en él las reliquias del dios que habían sido trasladadas desde la propia Tiro.

Como ha señalado J.M. Blázquez: “Es curioso que los datos sobre las columnas del Herakleion transmitidos por Filostrato coinciden con los transmitidos por Herodoto sobre el templo de Tiro, hasta en las palabras fundamentales. Estas columnas son típicas de los templos. Dos gemelas a las de Cádiz vio Herodoto en el templo del Melqart en Tiro”. Así que podríamos pensar, si Filóstrato no repite las palabras de Herodoto, que el templo de Melkart en Gadir era, en realidad, una réplica del de Tiro, como la misma Gadir parece constituirse en una replica occidental de la metrópolis en el otro extremo del mundo. La elección del sitio mismo de Gadir revela también unas claves simbólicas que encajan a la perfección con la empresa emprendida por la monarquía tiria. El lugar es un antiguo archipiélago, hoy convertido en península, como lo era originariamente la propia Tiro insular, compuesta de dos islas próximas, una mayor y otra mucho más pequeña, que fueron unidas en época de Hiram. Una réplica, por tanto, también en lo geográfico, de la metrópoli en los lejanos confines del mundo.


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