Tiro y las ciudades de Fenicia

Ciudades, reinos y hegemonías.
Fenicia no constituyó nunca una entidad política unitaria de carácter nacional. Por el contrario, la región se hallaba fragmentada en una serie de ciudades-estado de mayor o menor importancia, que políiticamente eran autónomas e independientes entre sí. Esto quiere decir que cada una poseía su propio sistema de autogobierno, muy semejantes entre sí, y sólo en época de los persas se estableció en Trípoli un consejo federal al que cada una enviaba sus representantes. Algunas de estas ciudades ejercieron una especie de hegemonía sobre las restantes, de cuyo funcionamiento apenas sabemos nada.

Durante el III milenio o la Edad del Bronce Antiguo fue Biblos el centro políticamente más importante, y el hecho de que los archivos de la ciudad siria de Ebla, con la que comerciaba, no mencionen nunca a los monarcas de otras ciudades cananeas como Tiro, ha llevado a pensar que tal vez Biblos las controlara en el marco de un estado que las abarcara con sus territorios. Ugarit se distinguió, junto con la misma Biblos, durante casi todo el II milenio (Edades del Bronce Medio y Reciente), para dejar paso, tras su destrucción por los "Pueblos del Mar", a Sidón.

La preponderancia de ésta parece haber sido un hecho durante la Primera Edad del Hierro (1200-900 a.C.) para ser a continuación desbancada, en circunstancias que se nos escapan, por Tiro que, entre otras, ahora ejercerá su hegemonía sobre ella durante la Segunda Edad del Hierro (900-550 a.C.). Su capitulación ante los ejércitos de Nabucodonosor de Babilonia marcaría el inicio de un cierto declive que habría de favorecer nuevamente a Sidón durante el período persa (Ultima Edad del Hierro: 550-330, para ser de nuevo brevemente desplazada por Tiro tras su destrucción a consecuencia de su revuelta contra aquéllos.

En la mayoría de las ocasiones, estas hegemonías no parecer haber implicado la desaparición las dinastías locales de aquellas ciudades, controladas por otro centro de poder más importante, al igual que no desaparecieron en el contexto de los imperios regionales cuando todas ellas, junto con los principados sirios y cananeos, se hallaban sometidas al poder de Egipto, Mitanni o Hatti, por lo que debemos pensar que sus reyes quedarían supeditados, como entonces, a la autoridad principal de un soberano poderoso. "Grandes" reyes y "pequeños" reyes, aunque ciertamente a una escala local y mucho más reducida.

La crisis del 1200 a. C. y sus repercusiones en el tráfico marítimo.
Como en muchos otros lugares de Mediterráneo Oriental, el colapso del sistema comercial regional a finales del siglo XIII a. C. supuso la interrupción de los contactos marítimos de las ciudades costeras de Fenicia con el Egeo y otras regiones del Mediterráneo. No esta claro hasta que punto algunas de ellas pudieron resultar afectadas por la ola de destrucción que sacudió toda la zona , pero, en cualquier caso, las que escaparon a la devastación, como parece haber sido Tiro, que sin embargo muestra una disminución drástica de las importaciones entre el 1200 y el 1050 a. C, , mantuvieron, pese a todo, su actividad comercial con Chipre y Egipto.

De acuerdo con una noticia trasmitida por Justino (XVIII, 3, 5.) Tiro habría sido fundada por los sidonios en lucha contra las gentes de Ascalón un año antes del saqueo de Troya. Flavio Josefo (Ant Iud., VIII, 61.) , sin entrar en las causas, también nos aporta una fecha muy similar. Pero puesto que no hay evidencias arqueológicas de una destrucción de la ciudad por aquellas fechas, y sin embargo está bien documentada la hostilidad entre Sidón y Tiro en el periodo histórico precedente, tal vez se trate del eco de un enésimo conflicto en la rivalidad de las dos ciudades, o como quiere Tsirkin de una presencia de refugiados sidonios en Tiro que haya terminado por ser interpretada como una “fundación”. Las relaciones entre Tiro y Sidón, que había desarrollado durante el último periodo del Bronce Final una política de expansión territorial, en perjuicio, entre otros, de los tirios que perdieron su control sobre Usu, y un activo comercio terrestre, además de marítimo en toda la región, parecen haber sido, por consiguiente, bastante problemáticas, como ha quedado reflejado también en la mitología.

No más tarde de mediados del siglo XII a. C. comenzaron los intentos por reconstruir una red comercial de gran alcance en el Mediterráneo en la que los tirios tomaron la delantera a los gebalitas y sidonios, y que culminan con la llegada al lejano Occidente a finales del siglo XII - comienzos del XI a.C. De finales del segundo milenio es el colgante de coralina de tipologia chipriota encontrado en Los Castillejos (La Granjuela, Córdoba), un elemento, junto con los soportes de carrete, que nos habla de los contactos con el Mediterráneo oriental. Al igual que la orfebrería de este periodo, en la que se ha reconocido un sistema de pesos minorasiatico, que aparece también en Cerdeña, y que era utilizado en la costa de Siria y Chipre.

No deja de ser curioso que a partir de la desaparición de Ugarit, en el Heládico Final III C (c. 1225-1125) estos materiales sigan llegando al lejano Occidente, lo que indirectamente apoyaría la hipótesis de unas precedentes navegaciones chipriotas y ugaríticas hacia la Península Ibérica, reemplazadas luego por las que emprendieron los fenicios de Tiro. Precisamente, los hallazgos procedentes de Palaepaphos en Chipre han documentado un impresionante número de importaciones fenicias durante el siglo XI a. C. Puesto que las importaciones chipriotas en la costa fenicia son aún escasas durante estas fechas hasta que se hacen más abundantes a comienzos del siglo X a. C. , la iniciativa de estos contactos intensos parece corresponder a los fenicios.

El auge de Tiro.
Como ha mostrado Aubet la evidencia arqueológica señala claramente que desde el siglo XI a. C. Tiro está asumiendo un papel importante en el control del comercio marítimo interregional. La reestructuración de las estrategias de la producción, que se percibe en la aparición de una zona dedicada al trabajo de la cerámica, joyería y textiles, orientada ahora a la manufactura de bienes de intercambio, coincide con la presencia de las primeras importaciones procedentes de Chipre, Grecia y Egipto, lo que indica una recuperación del comercio a larga distancia.

Al mimo tiempo, los trabajos arqueológicos efectuados en esta parte de la costa de Fenicia sugieren que Tiro inicia, desde mediados del siglo XI a. C. una expansión territorial hacia la fértil llanura costera de la región de Akko y Monte Carmelo, unos 45 km al sur de la ciudad, destruyendo algunos asentamientos ocupados por los “pueblos del mar” como Dor y probablemente Akko, y ocupando otros sitios como Achziv, Tell Abu Hawam, Tell Keisan, Kabul, Shikmona, Tell Mevorakh, Tell Qasile y Tell Michal . Tiro se hacía así con el control de lugares no solo costeros sino situados también algunos sobre las colinas de la Baja Galilea, bastante tiempo antes de la supuesta compra a Salomón de las “tierras del país de Kabul”, denominación administrativa del territorio de la tribu de Asher en Galilea, con lo que se desaparece la imagen que teníamos del auge de Tiro mediante la diplomacia y el comercio.

Los niveles de destrucción en lugares como Dor y Akko revelan una estrategia claramente violenta y coercitiva, dirigida no solo a dominar la entera franja costera entre Tiro y Monte Carmelo, sino también a apropiarse de una región clave para el desarrollo agrícola y el control de las rutas terrestres. Así mismo, una serie de fortificaciones de casamatas en la Alta Galilea , con claros paralelos fenicios en otros lugares de Oriente, está sugiriendo un ambiente de pugna por el control de estos territorios. Por otra parte, Menandro de Efeso, que recoge Flavio Josefo (Ant. Jud., VIII, 324), al respecto de Itobaal, que reinó en Tiro en tiempos de Acab, menciona la fundación por el soberano fenicio de dos colonias, una en África, Auza, que permanece desconocida, y otra en Fenicia, Botris , que ha sido identificada con la moderna Batrum, 15 km al norte de Biblos en lo que se interpreta como un signo de hostilidad. intrusión y arrogancia hacia esta última.

Como muy bién ha observado López Pardo: “Hiram no parece ser el artífice de una incipiente expansión por el territorio circundante, Líbano y Chipre, sino el heredero de una presencia colonial firme en Chipre y una red comercial ya consolidada en Occidente”. En otras palabras, el auge de Tiro no es obra exclusiva de Hiram I, el contemporáneo de Salomón, sino que la política de expansión territorial por los territorios limítrofes había comenzado desde mediados del siglo anterior. Otro tanto puede decirse de la actividad tiria en el Mediterráneo.

Durante el siglo IX a. C. se produjo una colonización tiria del norte de Siria y de Cilicia (Tarsos) con el fin de asegurar el acceso a los ricos yacimientos de metales del sudeste de Anatolia. Gracias a una red de factorías y escalas en las costas de Chipre y el litoral sudoriental anatólico los fenicios de Tiro se hicieron con el comercio de metales y esclavos de la zona, que incluía el Tauro y el Eufrates, y con las rutas que les permitían penetrar en el Egeo. La presencia fenicia en Anatolia desde comienzos del siglo IX a. C., donde los tirios podían conseguir plata, hierro, cobre, estaño y plomo, se ha puesto de manifiesto a través de diversos tipos de documentos, arqueológicos y epigráficos. Este comercio, en sitios como Tarso, en la costa de Cilicia, Sam´al y Hasanbeliye en la vecina región del Amano, y Karatepe en el interior, se mantuvo constante hasta finales del siglo VIII a. C., en que comienza a verse negativamente afectado por las conquistas asirias.

La conquista asiria.
En el 875 a. C Assurnarsipal, rey de Asiria, imponía el tributo a las ciudades de Tiro, Sidón, Biblos y Arvad. Su sucesor, Salmanasar III, lo renovó otras tantas ocasiones. La independencia había acabado. También Egipto, que vivía una nueva grandeza con los faraones de la XXII Dinastía, se mostraba interesado, como siglos atrás, en la región. El reinado de Sheshonq I marcó el inicio de la intervención egipcia en Palestina con la expedición contra Jerusalén. Finalmente el encuentro tuvo lugar en el 853 a. C entre el ejército asirio y una coalición sirio-palestina apoyada por el faraón Orsokón II en Qarqar, a orillas del Orontes. Tras la batalla, Damasco, uno de los objetivos de especial interés para los asirios, continuó independiente y las ciudades fenicias, si bien volvieron a pagar tributo, la última vez en el 837 a. C, conservaron en cambio su autonomía.

Durante unos setenta años no hubo nuevas injerencias externas, sumida Asiria en la crisis tras la muerte de Salmanasar, y Egipto nuevamente en decadencia. Fue excepción la campaña del asirio Adad-Ninari III contra los filisteos y los edomitas en el 805 a. C, en la que consiguió una vez más el tributo de Tiro y Sidón. En su relato afirmaba, sin embargo, que el tributo le había sido negado a su padre, Shamshi-Adad V, prueba manifiesta de debilidad.

La llegada al trono de Asiria de Tiglat-Pilaser III cambió las cosas, señalando definitivamente el final de la independencia de las ciudades fenicias. La expansión de Asiria se reemprendió con nuevo ímpetu, y las tácticas tradicionales, con la incursión como método para conseguir el tributo, fueron reemplazadas por la conquista, la ocupación permanente y la anexión del territorio de los vencidos. Nuevas estrategias militares que incluían la devastación del territorio y la deportación de sus habitantes pasaron a un primer plano.

Esta amenaza precipitó una crisis política en Tiro en el último cuarto del siglo IX a. C, provocando la división en el seno mismo de la realeza. La lucha política se saldó con la victoria de la nobleza tradicional, liderada por el joven rey Pigmalión, partidaria de ceder ante las pretensiones de Asiria, sobre la oligarquía comerciante, filoegipcia, representada por el sumo sacerdote de Melkart que estaba casado con la princesa Elisa, hermana de Pigmalión. Los vencidos hubieron de emprender el camino del exilio y en la costa norteafricana fundaron Cartago en el 814 a. C.

Superada la crisis, Tiro continuó ejerciendo durante un tiempo su predominio sobre las restantes ciudades fenicias al frente de un reino que, desde los tiempos de Ithobaal, incorporaba también a Sidón, que no es mencionada por los asirios, los cuales llamaban a los monarcas de Tiro "reyes de los sidonios".

El asirio Senaquerib aplastó una revuelta en la que participaban las ciudades fenicias, y que contaba con el apoyo de Egipto. Tiro fue sometida a un asedio que se prolongó durante cinco años, pero aunque la ciudad resistió, favorecida por su posición insular, su rey, Luli, se vio obligado a refugiarse en Chipre, mientras en Sidón un nuevo monarca, Itobaal II, era impuesto en el trono por los asirios, lo que supuso una merma de la hegemonía de Tiro.

La revuelta estalló nuevamente tras la muerte de Senaquerib, lo que provocó la feroz represión de su sucesor, Asarhadón. Sidón fue destruida y Tiro despojada de todos sus territorios que pasaron a formar parte de una provincia asiria, como ya había ocurrido, en tiempos de Tiglat-Pilaser III, con el norte de Fenicia. A partir de ahora gozaron tan sólo de una mermada autonomía Biblos, Arvad, y la isla de Tiro, que tuvieron que someterse al pago de nuevos tributos y aceptar la presencia de gobernadores asirios.

Durante el reinado de Assurbanipal, el último rey poderoso de Asiria, Tiro se sublevó de nuevo apoyada por Egipto y fue sometida a asedio en el 668 a. C, pero tampoco esta vez pudo ser tomada. Poco después caía Arvad, que también se había unido a la revuelta.

Tras en breve interludio marcado por la desaparición de Asiria, las tropas de Nabucodonosor II de Babilonia atacaban Tiro en el año 586 a. C. que no obstante tuvo más suerte que Jerusalén o Gaza. Abastecida desde el mar por Egipto soportó un largo asedio de trece años, al cabo de los cuales capituló, como ya habían hecho antes Sidón y otras localidades, teniendo que aceptar la presencia de un gobernador babilonio. Finalmente la monarquía tiria fue desposeída de su gobierno, que fue ocupado temporalmente por magistrados civiles controlados por el vencedor.



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